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El donante debería estar agradecido. Historia Zen.

Revisando los porcentajes de mis partidas de gasto (post ¿Donde va tu dinero?) he visto que prácticamente mis donaciones apenas alcanzan un 1% de los mismos. Siendo mi objetivo que esto llegue a representar un 10% de mis gastos, voy a ir “poniéndome las pilas” e incrementando dicha cantidad. Así que he realizado una nueva aportación a un préstamo KIVA (25$). Ya os había hablado de esta ONG con la que colaboramos, se presta un microcrédito a un emprendedor del tercer mundo que le permite acceder a financiación para poder acometer proyectos, que en algunos casos representan la supervivencia de su familia. Para más detalles, por favor consultad su página KIVA.

Dicho todo esto, permitidme que os relate una historia ZEN que os hará reflexionar. Expresa muy bien porque en casa sentimos la necesidad de compartir nuestras ganancias mensuales.

EL DONANTE DEBERÍA ESTAR AGRADECIDO…

Cuando Seisetsu era el maestro del templo de Engaku, en Kamakura, clamaba constantemente por salas más grandes, ya que aquellas en las que impartía sus enseñanzas estaban siempre atestadas de discípulos. Un tal Umezu Seibei, rico mercader de Edo, decidió donar quinientas piezas de oro, llamadas ryo, para la construcción de una escuela más espaciosa. El mismo llevó en persona el dinero a Seisetsu.

Éste dijo, “De acuerdo, lo tomaré”

Umezu le entregó el saco de oro, si bien no estaba nada satisfecho con la actitud del maestro. Una persona podía muy bien vivir un año entero con tres ryo, y a él ni siquiera le habían dado las gracias por quinientos.

“En este saco hay quinientos ryo”, insinuo.

“Eso me dijo antes”, replico Seisetsu.

“Por muy acaudalado que yo sea -protesto el comerciante-, quinientos ryo es un montón de dinero”

“¿Quiere que le dé las gracias por él?”, pregunto Seisetsu.

“Debería haberlo hecho”, contesto Umezu.

“¿Por qué debería? – dijo el maestro-. Es el donante quien tendría que estar agradecido.

Y esta es la historia. Como dice, no puedo estar más agradecido “al universo” porque además de poder atender mis necesidades básicas puedo compartir “mis riquezas” con aquellos que más lo necesitan. Solo lamento no ganar más y más dinero para poder donar más, pero en eso estamos.

Finalmente una petición, por favor, revisa tus cuentas y reflexiona si no puedes donar algunos euros mensuales a algunas de las múltiples ONGs de reconocido prestigio que actúan a nivel mundial. Si no puedes donar dinero, a lo mejor puedes donar tu tiempo, y siempre estas a tiempo de marcar la casilla de la renta para que el Estado les dedique aportaciones (claro que así no controlas a donde va tu donación…)

PD: La historia esta extraída en su totalidad y sin transformación del libro Carne de Zen, Huesos de Zen. Una antología de historias antiguas del budismo zen. La licencia de este libro la tiene en España Círculo de Lectores, os invito a la compra y lectura del mismo. Por cierto, desconozco si incumplo alguna ley de propiedad por replicar esta historia (no lo he visto en el libro). Si fuera así, agradecería a alguien del Círculo que se pusiese en contacto conmigo y la retiraría del post.

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